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Castellano
Ninguna casa es duradera (lección de economía política)
Sergio Mansilla Torres


El gobierno multiplica empleos y sueldos
para tener partidarios;
no para producir más riqueza para todos,
sino para tener partidarios.

Como buenos alumnos de la escuela de los caníbales:
comerse los unos a los otros
(en eso somos expertos), y el gobierno sirve a los poderosos
las cabezas cortadas en bandeja de plata:
les sirve los bosques completos, vertientes
todavía cristalinas,
delfines, plancton, algas para hacer shampoo japonés.

Entonces viene el gerente de operaciones de la gran empresa;
dice:

“hay que bajar los costos de producción
para ser competitivo (o sea, para hacer mejores negocios
para el bolsillo de los accionistas y sus batallones de negreros);
la materia prima es cara,
la tecnología es cara,
los impuestos son caros,
el transporte es caro
(no hay, pues, manera de ahorrar en estos ítemes).
Quedan los obreros: reducción de personal,
menos sueldo, más producción; que trabajen 10 horas ó 12,
que tengan 2 días al mes para descansar
¡ah! y no quiero mujeres, se lo pasan pariendo para no trabajar...
10% del personal mañana está fuera,
en 6 meses llegaremos al 50%
Y exhibiremos nuestros altos índices de eficiencia”.

Y el gobierno multiplica empleos y sueldos
para tener partidarios,
y las empresas son partidarias del gobierno
por conveniencia (porque el gobierno mantiene la paz social).
Y los pobres diablos apoyan al gobierno
por conveniencia.
Todo por conveniencia, por cálculos de ganancias.
Una casa bien construida se ve desde lejos (Pound lo dijo),
y la cobardía también
y la fetidez de las oficinas públicas también.

Que no hable el príncipe, sino lo justo para decir
que el dinero circulará
entre el pueblo;
lo demás es basura, cantos de sirena a lo más
entonados con notas desafinadas.

Pero está además el aspecto especulativo:
comprar y vender dinero;
no comprar zapatos, comida (“economía del pasado”, dicen).
Ahora conviene comprar dinero y vender dinero
con altos intereses a favor,
sin ver siquiera los billetes; sólo números
en las pantallas de los computadores: la nueva
economía de las transacciones virtuales.
Mas quien compra dinero no paga con dinero;
paga con sangre, con hambre, con sudor,
de los que trabajan produciendo bienes esenciales
(que nunca sobran)
y de los que no trabajan porque no tienen lugar en la fábrica
de los bienes esenciales
(que, como dijimos, nunca sobran).

Y mientras unos ponen monedas en el Tesoro Público,
otros sacan las monedas y las ponen en su tesoro particular,
y sin salir de sus asientos de cuero bien curtido,
sin un resfrío siquiera debido a bruscos cambios de temperatura
que nunca padecen.
Nada.

¿Quien almacenará el trigo contra el hambre?
Porque es incomible el dinero plástico,
y no compra lo que no existe.
¿Quién guardará los códices de los ávidos depredadores?
¿En qué biblioteca climatizada?
(y no en una habitación oscura llena de hongos y ratones).
No da rédito escribir la verdad
ni da rédito leerla.

Pero sí da mucho rédito transformar campos de cultivo
que demoraron millones de años en formarse,
en pedregales o en factorías para celulosa
o para aluminio
o en condominios para gerentes, accionistas de grandes Cías.
y hay generales que no han ganado batalla alguna.

¿Quién reestablecerá el amor a la sabiduría, literalmente,
congregando a los sabios
en el palacio del canto, en el palacio del pensar?

“Ninguna casa es duradera
si ha sido edificada sobre las ruinas de tu vecino” (Pound).

Y la agricultura y las manufacturas y las caricias
no se pueden perder,
y los individuos podrán pensar más tranquilos,
hacer arte para banquete de los ojos,
poesías para recuperar el lenguaje malbaratado
en el mercado de las chucherías inútiles.
Y revertir el embargo de que han sido objeto
nuestros cuerpos.

Hacer arte para banquete de los ojos y oídos.

Y pensar más y mejor, más y mejor.

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 Referencia
Sergio Mansilla Torres.  "Ninguna casa es duradera (lección de economía política)."  Buque de Arte. Ed. Sergio Mansilla. Osorno, Chile : Editorial Poetas Antiimperialistas de América.   24 de octubre de 2008.
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