Tienen, a menudo, maneras sofisticadas parecer inteligentes,
sensibles, amigos de la belleza del mundo.
Acatan el tiempo, pero no lo reconocen,
no lo aman.
Por donde pasan queman la tierra,
y, aunque cultiven una imagen inocente,
son torturadores en acto y en potencia.
Las nubes de la fotografía no cambian
y ellos tampoco.
Tienen ideas, pero sería mejor que no las tuvieran.
Y dicen que hay que ser prácticos,
que la verdadera realidad no es literatura
(la realidad que a ellos y sólo a ellos pertenece).
Nunca sabrán cuánta de la peor miseria
cargan en sus sombras muertas.