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Notas [an error occurred while processing this directive] 17 de mayo de 2012


“Cauquil” y la memoria a través de la poetización de Chiloé
Roxana Miranda Rupailaf

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“Cauquil: fosforescencia de color verdeazulado intenso que se produce al caminar sobre la playa barrosa durante las noches estrelladas”.

Precisamente es esto lo que el poeta ha intentado en este libro en el cual selecciona poemas de libros anteriores y en el que incorpora nuevos textos, la mayoría de ellos referidos a la isla de Chiloé. Temas como la distancia y los viajes en los cuales se logra re-pensar la experiencia del pasado y reconstruir ese pasado a través de la conciencia clara de que parte de ese pasado será transformado por el discurso, en tanto, este siempre comporta ficcionalidad.
Cauquil son los colores que evocamos a través de los diversos poemas que nos va dejando en su caminar la voz lírica. El caminante, sin duda, se habrá detenido a contemplar las estrellas para ordenar los mapas de su vida. Pues el poeta no sólo nos muestra los lugares geográficos por los que ha transitado, sino también los tránsitos de lo íntimo, los hervideros de sangre y de memoria. Tránsitos todos que surgen desde un mismo territorio: Chiloé. Se congregan los fragmentos de experiencia en este espacio: “remen, remen boteros contra el viento” (21); por más que la voz lírica emprenda viajes, son la sal y el agua los elementos que siempre la atraen a su origen. En voz de Mansilla: “Una blancura de sal que llama y llama/ desde el fondo más terrible del mar” (49)
Mansilla nos traslada en estos viajes a instantes de infancia en los cuales reconocemos las pieles, los ojos y el color de los padres alumbrando el entendimiento de “un niño lleno de espuma que navega sobre la noche de agua” (50). El color de las personas instaladas en lo verde del paisaje chilote son evocaciones que surgen del fragor de los versos. Poemas como: “Mujeres desmenuzando el sol”, “Retrato retocado del abuelo Félix”, entre otros, son poemas en los cuales, a través de las personas, distinguimos el paisaje. Confróntense los siguientes versos: “El vientre de mamá es el cielo donde ruedan los astros: navégate ahí dentro hasta que tus pies toquen tierra”. (36).
Es en el viaje entre navegaciones y galopes y vuelos que el poeta se construye la memoria con que anclarse a los territorios de lo azul. Poemas como “Noticias de Chile”, ”En el país de los pájaros que se fueron” y la última parte del libro, “Tierra a la vista”, son poemas que de alguna forma nos muestran a un poeta en territorios extranjeros viajando imaginariamente en múltiples ocasiones a los fragmentos de la tierra y a los latidos familiares. Por ejemplo, en “Noticias de Chile”, nos encontramos ante una voz lírica que no puede soportar lo difuso de las distancias. Voz lírica confundida entre no saber qué fue lo real y qué fue sueño. Finalmente lo único que lo salva de la irrealidad es el amor: “Porque nunca he dejado de amarte, mi naranja, ni aún en los peores momentos cuando por una ola de equívocos he sido infinitamente feliz” (89).
“Cauquil” es un libro de navegaciones, de viajes y retornos a la isla. En la poetización de la isla se aúna lo mítico, y en los poemas encontramos rastros de brujos, supersticiones e historias locales que adquieren el carácter de leyendas y también podemos apreciar la transformación de la isla y la transformación del poeta.
El poeta ya no se traslada como en la infancia hacia otras islas sino que ahora viaja a otros países y también hacia otras irrealidades. Mundos construidos a través de la escritura. El poeta dice en “Pater Mío”: ¿Qué pensarás de quien imaginaste sería/ la réplica perfecta de tu pasado y de tu presente, /pero que, en cambio, se perdió en el bullicio de ciudades lejanas/ y se consagro al arte de escribir palabras que nunca comprendiste?” (125)
El poeta ya no es el de la infancia ya no es el que corre por los rastrojos con las rodillas rasmilladas buscando el viento. Pero, sin duda, que se puede volver a ser aquél a través de la escritura. Se puede volver ése que efectivamente se fue y ése que se soñó. “Itaca”, poema con el cual finaliza el libro, nos muestra lo ficcional de la escritura: cómo una construcción imaginaria puede sucumbir ante otra construcción imaginaria y volver de lo construido una irrealidad. Itaca puede no ser Itaca y Chiloé puede no ser Chiloé y todo puede ser imaginario, excepto aquello sentido y golpeteadamente vivido en lo íntimo de los imaginarios: “Sólo escribiste algo que no tiene, tal vez, más sentido que el agua que corre hacia el mar” (139). Y quizás, tal como se narrativiza en el comienzo del libro, las guerras de Kai-Kai y Ten-Ten (las serpientes del mar y de la tierra) continúan su disputa en el corazón de los hombres. “Hay culebras que a uno le corroen por el cuerpo” (61) y hay siempre esta guerra entre lo real y lo ficticio, entre la tierra y el agua. Entre las fragmentadas tierras chilotas y el mar que las acecha. Entre la memoria construida de la isla y la isla que se es y entre la propia isla y la muerte amenazante del olvido. Finalmente sólo podemos amarnos a través de la buena poesía que nos alumbra el corazón y la razón, en palabras del poeta: “Sólo podemos vernos cuando relampaguea” (28)


(Roxana Miranda Rupailaf, presentación libro “Cauquil”, Santiago: Cuarto Propio, 2005, de Sergio Mansilla Torres, realizada el 9/ 12/ 2005, Centro Cultural de Osorno, Chile)

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“Cauquil” y la memoria a través de la poetización de Chiloé
Poesía del sur de Chile: "Oyeme como quien oye llover"