Los poemas que siguen corresponden, íntegramente, a la sección “Murmullos y misterios”, sección V y última del libro “El sol y los acorralados danzantes”. Valdivia: Paginadura Ediciones, 1991, 149 pp. Este sello editorial valdiviano ya no existe, y el libro mismo, del que hizo una tirada única de 500 copias, distribuidas en su momento por canales no comerciales, no se halla disponible en el mercado.
MURMULLOS Y MISTERIOS
“ Como no hay pájaros, no hay islas;
sin islas, no hay reposo.
(Mas yo soy una isla errante
y no tengo reposo,
llevo sólo de luz una defensa
y de defensa una mirada).”
(Ana María González)
TESTAMENTARIO
Cuando llegue mi hora final, pido
que sólo el mar
pronuncie mi nombre; que todos
se callen
y sea la mudez
el homenaje; que el murmullo
de las olas
sea el responso.
A ver si queda la sonrisa
en la última hoja
que cae con el cuerpo.
EN UNA VIEJA CASA DE VALDIVIA
(A Clemente Riedemann y su madre)
Este lugar ha sido tuyo por un tiempo;
mas yo también estuve en esta casa alguna vez,
también miré por la ventana
la ciudad junto al río.
El pasado es como un sueño,
nada queda tras estos cristales envejecidos
por la noche; el ciruelo
del patio cobija sombras.
Sólo hay un rostro en medio de la lluvia
en un eterno presente.
NADIE HAY DETRAS DE LA ULTIMA
LUZ DE LA TARDE
Nadie hay detrás de la última
luz de la tarde.
Las luciérnagas encienden
sus lámparas
para iluminar a nadie
entre la hierba que ya olvidó
todo signo.
Un pájaro perdido vuela de memoria
encabezando la bandada
de los pájaros que no han nacido ni nacerán.
Nadie para nada detrás de la sombra
“que baja al mar sin Barquero.”*
*Verso de Luis Oyarzún.
LA HORA MAS DIFICIL
¿Qué hora es, papá?, pregunta el niño.
Es la hora del sudor,
la hora de los pecados
y de la amargura.
Un martillo lejano clava tal vez
los clavos de un crucificado.
Pero la leche en las ubres
sigue cantando sobre el abismo.
RECOGIMIENTO
(paráfrasis)*
En medio del campo, en lo alto de un cerro,
me encuentro esta tarde en muda plegaria.
Oigo las hojas de los pastos,
respiro la luz que envuelve el follaje de los
árboles
y cae luego al mar en río de claridad.
Recogido, consternado, siento que soy nadie,
y entonces, agachando la cabeza
y mirando la tierra,
recuerdo a los muertos vagabundos
que fueron olvidados para siempre.
*Parafraseo un poema de Micíades Malakasis a partir de una traducción del griego de Miguel Castillo Didier.
POETICA ELEMENTAL
Mi primer poema lo escribí
en la tierra
con un gualato:
Fue cuando sembré
mi primera semilla de trigo
en el trigal.
SUEÑOME LOCO Y VOLANDO
DE UN EXTREMO A OTRO DE LA GALAXIA
¿Qué hace ahí un niño
aleteando contra la ventana
a medianoche?.
El sueño es que las estrellas
son rosas
que indican el camino
a los perdidos.
Entonces vi el día
en la ventana. Mi padre
tosiendo
y orinando en el patio.
Y mi madre, con su respiración,
es la que gobierna los ríos
al amanecer.
INTERVENCION DEL AGUA
El pie es ligero:
es luz desbocada,
es estallido de golondrinas sobre el río.
Una barca de sueño me navega
guiada por la Cruz del Sur.
Y sigue fluyendo esta mi camisa
por donde pasé un día
a ponerme cuidadosamente el alma;
me abotoné entonces
en el fondo
y me dormí bajo el agua como un pez.
HAZME LA SANGRE, MAR
Hazme la sangre y resuéllame, mar tormentoso;
mójame las espaldas tiesas
de ardores. Tú
me navegas de costa a costa: yo soy
el piloto sumergido que no ve el sol. Ruédame
hacia el Tiempo de Ningún Tiempo y háblame
del misterioso país de los abismos.
Amontonemos el ojo sobre el otro ojo: Tú
lavarás las cuencas
y navegarás también
la luz. Tú eres
el Reino de los acorralados*.
*Gonzalo Rojas:” De
los acorralados es el Reino.”
PIE DE NIÑO CON DESTELLO
Del niño un destello
/………/que salga
y que corra sobre el pie huérfano, que vuele
sobre el otro pie más huérfano.
Que despierte, que ande esta
luz.
Y que se rompan las ventanas
y que se ardan las paredes.
Y el que crea,
que levante las manos
y que las siembre en el horizonte
/…………………/iluminado.
ALLA LEJOS TE VEO VENIR
a Sandra
Allá lejos te veo venir
como una llovizna
que hace palidecer
las azules colinas.
Saco apresuradamente
al patio mis árboles, mis hinojos,
todos mis seres pequeños y pobres
que pululan por doquier:
libélulas, mariposas,
cantáridas de siete colores,
algas y avecillas.
Me vacío entero
como un balde con agua
que se vuelca en el piso
y me extiendo cuan amplio soy
para recibir la miel
que trae tu presencia.
No vaya a suceder
que llegues
y esté todo solitario y triste,
todo cerrado, tapiado hasta las nubes,
y el amor, como un niño mendigo,
llore sin pan
y se duerma en la mampara
de cualquier casa
tiritando abrazado a su perro.
DEBO LLEVAR MI CASA Y MI TIERRA
Debo llevar mi casa y mi tierra
/…………./de infancia
en lo más íntimo de mis venas,
debo ocultar en lejanías indescifrables
mi espacio de lluvias surcado
de barcos y relámpagos.
Mi espacio fiel, mi guardián
que mantiene a raya los infiernos,
protegiéndome de los falsos orgullos
/………………/y de la soberbia
de los que sienten agraciados y felices.
EL SOL Y LOS ACORRALADOS DANZANTES
“No cantes;
siempre queda
a tu lengua apegado
un canto: el que debió ser entregado.”
(Gabriela Mistral)
“There's nothing but injustice to be had,
No choice is left a poet, you might add,
But how to take the curse, tragic or comic.
It was well worth preliminary mention.
But let's go on where our cases part,
If part they do. Let me propose a start.”
(Robert Frost)
Que alguien diga, si sabe, cuántos siglos debe viajar
este cuchillo hasta la carne
que espera ser cortada.
En el futuro tal vez la tumba se incorpore a la vida;
en vuestro año 3000 quizás
cuando cuchillo y carne sean un solo zumbido.
Entonces puede que permanezcan los campos
sembrados de bayonetas
y todavía anden los mendigos revolviendo
los cementerios de cometas muertos.
Que alguien diga la profecía de la futura razón humana.
Decid si ya se cavó la última fosa
o si hay que cavar aún millones
para otros tantos millones de hombres.
Puede que no haya más diluvios de fuego
ni permanezca un solo avión cargado de bombas
volando rumbo al sol.
Quizás entonces terminará el viaje de este cuchillo
con su rama de olivo.
En lo más profundo de la noche
alguien bajó del cielo
y besó uno por uno
al ejército de mendigos
que se deshacían bajo la lluvia.
¿Alguien puede decirnos adónde vamos?
¿Alguien quiere empezar a cantar en el destierro?
Silencio, silencio, silencio.
¿Por qué desaparecen las puertas
cuando las queremos abrir?
¿Por qué no hay nadie cuando hablamos,
pero cuando callamos hay tantos ojos
sin párpados que nos miran?
Tenemos nuestra sombra amarrada
a un arco iris apagado.
Tenemos el hombro izquierdo caído
entre un mar de flores que sangran.
Tenemos una muerte que retoña
en medio de un trigal.
Tenemos un silbido, un aliento, un último bocado
cuando ya nada queda en ninguna parte.
Estamos amontonados en el hueco
de un corazón fugitivo, en el centro de un espacio que fue ajeno y que será de otro.
Abrid la puerta para que empiece el alba
y no la cierres sino hasta cuando
llegue el último tren del siglo.
Adelante, que entre la mano izquierda,
que entre la mano derecha,
que entre la sombra enamorada
de su cuerpo.
Una mujer ha dormido bajo todos los puentes
y ha navegado los años entre islas que [desaparecen
después de la primera mirada;
una mujer cuya cabeza está rodeada de niebla
y de pájaros.
Adelante, pase usted a descansar
su mano herida
que sólo indica la dirección
donde nace el sol.
Una cuchillada blanca ha abierto mi costado
desde donde sale gritando la noche.
Pero se ilumina la mano
con la sangre que mana en marejadas;
vuela la mano hondeada en el aire
y es sol rojo allá arriba iluminando loco
el coro de los danzantes no nacidos.
Al romper el alba seré uno más entre la [muchedumbre.
¿Tienen alguna bandera
para el país que sale de la noche?
Buenos días,
/…………../sol;
/………………../buenos días,
/………………………………/tierra.
Preparen el desayuno,
enciendan la radio para escuchar
la primera noticia del primer día del mundo.
El súbito día hizo un trébol y una abeja.
El sueño,
una abeja
y un trébol.
Un trébol y una abeja
serán suficientes
sólo si hay un relámpago
en la carne viva.
El sueño que quiere abrir todos sus paracaídas
y caer
lentamente sobre el zumbido
y estallar
en la boca del hombre herido que abre los ojos.
Siento el débil olor de las tumbas
y lo que miro se vuelve piedra invisible
que cae, cae y se hunde en un océano invisible.
Oigo a lo lejos el tañido
de unas campanas.
Veo nombres escritos sobre lápidas,
pero no logro descifrar
los caracteres.
Siento el débil olor de las tumbas danzantes
y oigo el zumbido de una flecha
que vuela directo al blanco.
Veo una abeja que siembra un hijo
entre las flores llenas de huérfanos.
Pero nadie podría decir que no es hermoso
respirar hondo
al amanecer.
El aire es más valioso que el oro,
y tenéis que respetarlo antes de que no quede aire.
El aire del niño,
el aire del joven,
el aire del viejo,
el aire del rico,
el aire del pobre.
El aire lleno de polvo, porque polvo somos y polvo seremos.
Vengan todos a respirar este remolino
que desordena y ensucia los cabellos de Dios.
Y el remolino dirá que el mejor motor del mundo
es el corazón del hombre.
Y el cuerpo es la flor vacía
que espera millones de besos para que resucite
y derrame en el viento su lluvia de sangre y agua.
Porque no podrá detenerse el latido
de todos los mendigos juntos durmiendo bajo el sol.
Somos viento que quiere cantar,
viento de ávida mirada,
de viva carne;
brillante cabellera sobre piedra.
Darías todo el oro del mundo
para que no se clavara este cuchillo tembloroso.
Pero no se puede encontrar ni una palabra
que anuncie el tranquilo tejado
donde se pasearán las palomas.
Qué dieras para que el muerto
fuera un niño aleteando.
Pero no hay más que ausencia entre las manos,
rumor, murmullo de humo.
Es el dolor puro, entero,
que no cabe en ningún pecho solo jamás.
El niño llega a casa mojado y brillante;
no lo regañes:
estuvo haciendo un río con peces,
estuvo haciendo un cielo con sol.
Veo la puerta aquella que se abrió
para ese otro que fui y que no soy.
Di un paso hacia adelante
y dos hacia atrás,
y me volví sombra que nada tenía
más allá de la sombra.
Dios me arrastró entonces hasta
esos barcos sumergidos
y me quedé ciego
mirando la puerta abierta al abismo.
Tengo tanta necesidad de ternura
que mi sombra sale sola a caminar bajo la lluvia.
Quédome con el cuerpo en forma de rumor
de frase sin palabra,
quédome en el centro de un planeta soñado por un niño.
Tengo mi otro yo
sangrando su última sangre junto al mar.
Sé que tengo que bautizar todos estos
niños mendigos que duermen en el viento,
pero no encuentro agua bendita en ningún río.
Y mi sombra no cesa de llamarme desde allá lejos
donde ya no queda vientre
sino un hueco enorme cagado de pájaros.
Esa es tal vez la memoria que permanecerá:
la de un testigo sordo que oye,
la de un testigo ciego que ve,
la de un testigo mudo que habla,
en lo alto de un cerro entre aire y aire,
iluminado por el relámpago de la carne,
arrojado hacia el cielo como un cohete
disparado a tontas y a locas contra la galaxia.
Allá voy, allá lejos donde los fusiles
son la sombra de un caballo blanco en medio de un trigal.