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Sur-Patagonia : Poesía [an error occurred while processing this directive] 17 de mayo de 2012


Elizabeth Acuña: La mujer del César escribe cartas que no envía a nadie
Elizabeth Acuña

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NUESTRO JURAMENTO

/ ........../y si los muertos aman/,después de muertos/
/........../ amarnos más.

Seguirá la verde luna engañando las playas de Rangoon,
pantera herida
y la arena de otros mares tragará tus uñas
mientras recónditos muelles devoran tu gemido.

Descansa en paz, estatua viuda
echa a volar tus pasos en un fúnebre sarong.
Monzones tardíos soplan en estas latitudes
y hacen arder en mi almohada el fuego
de ese puñal que no alcanzaste a usar.

Lloverá en el dombo* alguna de estas noches
y en mis ojos estallarán los torrenciales
filos asesinos.

De sangre oscura será la última copa
que beberé por ti, Josie terrible,
y en algún lugar del mundo un poeta
volverá a morir.


*Lugar de sanación de las almas.


(de Acta de Independencia, autoeditado, Osorno, 2002)




CONTIGO EN LA DISTANCIA

/ ........../No hay bella melodía/en que no surjas tú/
/ .......... / ni yo quiero escucharla / si no la escuchas tú

En silencio reclaman los
trescientos veinticuatro adoquines
de mi vereda vacía
sin contar las protestas del teléfono
que enmudece cuando intento usar
mi poder de telepatía.
Y llamo maldito al cartero
porque no trae en su bolso
un sobre con todo el amor del mundo.

Me pregunto todo el día qué pasó
que desconozco todos los rincones
de mi casa.
Extranjera entre mis propios hábitos
parece que mi patria sólo fuera
el hueco de mi almohada.

Recurro a la hechicería barata
de creer que has muerto abandonado
en lejanas latitudes y deshojo
margaritas negras mientras rezo
letanías a tu mala memoria.
Y no descarto la terrorista idea
de hacer explotar tu sombra
el día que te acuerdes de mi nombre.


(de Acta de Independencia, autoeditado, Osorno, 2002)




PERFIDIA

/ .......... /Y tú,/ quién sabe por dónde andarás/
/ .......... /quién sabe qué aventuras tendrás...

Hago de cuenta que te has muerto
y comienzo a ser benevolente
con las falsas rimas de tus versos.

Amparada en el duelo me permito
la dulzura de tus metáforas y te perdono
los sonetos que caen de tu manga.

Cadáver te prefiero a la mortal certeza
de saber que estás vivito y coleando
haciendo brindis con extranjeras musas.

Te declaro difunto, vivo mío, y te sepulto
entre las polvorientas páginas
de la fosa común que nunca leo.

(de Acta de Independencia, autoeditado, Osorno, 2002)




BAJO LA CRUZ DEL SUR

No medimos las consecuencias
al jurar un para siempre
más efímeras que las palabras
suelen ser las estrellas.

Encima de nosotros estaba la Cruz del Sur
bajo ella, como cuando niños
amarramos las puntas del pañuelo y dijimos
“Para siempre”.

Sin saber cuándo, sin imaginar cómo
la astral simetría abandonaría
nuestra porción de cielo y seguiría el viaje
olvidada de los infantiles sueños.

(de Acta de Independencia, autoeditado, Osorno, 2002)




LAS DUDAS

Hace quince mil millones de años
alguien ordenó el universo
¿crees, tú, que para siempre?
¡dúdalo todo¡
Somos pájaros extraviados
en una bandada de estrellas.

¿ Escuchas la música del cosmos?
un flautista conduce hacia el abismo
a esta encantada corte de planetas.
El sol ríe, mientras grita
¡allá va la tierra, con sus raíces al aire¡
y, tú, ¿ le crees porque alumbra?
¡dúdalo todo¡
imagina que la verdad es un cometa
que atraviesa fugaz sobre esta página
Y esto, nada más,
es la eternidad entera.

(de Acta de Independencia, autoeditado, Osorno, 2002)





RETORNO

Algún día se detendrá esta nave
tendrá que ser así, de lo contrario
el universo será un trashumante
y nosotros, una tribu de gitanos
sin domicilio conocido.

Alguien o Algo, parará el jueguito
o se cansarán , por fin los astros
de correr hacia ninguna parte.

¡Alto¡ diremos, agotados de mirar
el cielo, de buscar el cielo, alumbrándonos
con estrellas muertas.

Allá estará esperando la casa de la infancia
y saldrán de sus retratos, los abuelos
para recibirnos a nosotros,
los viajeros pródigos.

(de Acta de Independencia, autoeditado, Osorno, 2002)





TODO SER HUMANO ES DIVISIBLE POR DOS
(a lo menos…)

Una de mí cultiva toronjil y orégano
Y recita de memoria versos de Khayam.

Otra de mí ama los bares y se embriaga
Al ritmo turbio de un tango de Piazzola.

Otra de mí lleva la cuenta exacta
De cuántos mirlos caben en un tilo.

Y otra, revisa mapas y sueña capitanear
Un barco rumbo a Alejandría.

Otra, pequeñita de mí llama a la infancia
Desde caracoles abandonados en la arena.

Alguien de mí, otras, otros, apretujados
Recorren conmigo plazas y mercados.

Al llegar la noche la bandada emigra
Hacia el cielo que cabe en mi ventana.

Y una triste de mí se queda en tierra
Y otra loca de mí parte a la luna.

(de Acta de Independencia, autoeditado, Osorno, 2002)





POEMA UNO

He sido obediente de la luna
Que cada veintiocho días me azota
Con un rojo temporal de muerte y vida.

He redondeado mi vientre con dulzura
Hasta parir las bocas que golosas
Devoraron mi pecho.

Y un río transparente he sido
Que no oculta sus secretos peces.

Siembra abundante hice en mi cuerpo
Y regalé a destajo todas las gavillas.

No me arrepiento de ser cántaro y campana
Y no escondo mi arcilla y mi tañido.

He sido consecuente con el mundo que me impone
Este reposo y la aventura.

Y me gano con sudor los panes que cada día
Pongo en tu boca.

(de Acta de Independencia, autoeditado, Osorno, 2002)




POEMA TRES

Al fin yo era
Sirena mentirosa que cantaba
en los oídos de cualquier Ulises.
Penélope fui en el fondo de mi casa
Y por las calles, Diana en cacería
Magdalena fui arrepentida
Y en el placer, Mesalina he sido.
A los ojos de mis hijos fui María
Y por despecho, Salomé exigente.
Bruja, hechicera en la venganza
Y hada en la cabecera de los sueños.
Gusano y crisálida me reconozco
En la feroz metamorfosis de mis huesos.
Nadie perdió en esta batalla…
Sólo yo he ganado el mundo.

(de Acta de Independencia, autoeditado, Osorno, 2002).





POEMA SIETE

Ha pasado la tormenta
Nada está en su sitio habitual y las palabras
Deben medirse para decir árbol al árbol
Porque puede ocurrir que un ave
Aparezca con raíces.

Huele a despojo aquí y me resisto
A pintar las tumbas de amarillo
A escribir flores en las lápidas llenas de musgo.

Digo dolor y lo conjuro para que vuelva
Convertido en mariposa, revoloteando
Sobre el diccionario.

Aquí se posó un ave negra y su aleteo
Oscureció de pronto la ternura
Pero ahora , el silencio empieza a tener boca.

Recompongo hueso a hueso mi esqueleto fracturado
Y una fiera reclama su lugar aquí
En mi pecho, por lo tanto, ya no cabe duda
La tormenta ha pasado.

(de Acta de Independencia, autoeditado, Osorno, 2002)





SOBREVIVIENTE

Vengo de la sombra, de la muerte,
de una casa tapiada, con muros sin retratos.
Soy un náufrago en los ríos del sur,
Una osamenta calcinada en el desierto.
Una figura de luto, un fantasma,
Un prematuro anciano desdentado.
Vengo amortajado con silencio,
Un cortejo me sigue por las calles.
Soy un prófugo oscuro, un fugitivo
Condenado a tener siempre memoria.

(de Espantando fantasmas con letra chica. Osorno: Editorial Maicolpué, 1993)





COMPAÑERA

Escúchame ahora,
que aún es tiempo de arrepentimiento.
Yo no soy un bonzo
Que estallará en la plaza,
Ni un ahorcado
que te maldecirá desde un árbol…
Soy tu prójimo,
La que camina entre tus días
Y comparte con otras
El martirio del silencio.
Hay héroes y malditos
Que se apropian siempre
De los titulares…
Yo soy la letra chica
Protagonista de historias cotidianas,
La que camina hasta la esquina
Con una biografía que apenas
Contenta a los vecinos.
(la que ya no puede
Doblar más
Este curvado esqueleto).
Escúchame ahora
Que aún es tiempo de arrepentimiento.
Un suicida es un valiente
Que no dio en el blanco.

(de Espantando fantasmas con letra chica. Osorno: Editorial Maicolpué, 1993)




LA CIUDAD

Yo amanezco en los campos
Con las primeras semillas
Que rompen
La monotonía del surco
Y acuchillo el hambre
De los oscuros
Transeúntes de la lluvia…
Más tarde me descuelgo
En la simetría opaca
de ventanas verticales
y me caminan trashumantes
que esconden calendarios
debajo de las vitrinas.
De arriba abajo me trafican,
Me transan, me venden,
Me compran, me amenazan
Me salvan.
Me matan de sesenta puñaladas
Y me tiran al Rahue.
Me sonríen en la plaza
Luego de la misa de doce, me conversan, me calumnian.
Al mediodía soy noticia
En todos los cafés del centro.
Al atardecer me caminan
Los últimos valientes.
Me pinto de morado los labios
Y de quince años
Callejeo las esquinas.
De noche, el vapor del alcohol
Moja mi asfalto
Y el guiño de cuchillos
Asusta el alba.
Atrevida, camino la noche
por los rieles
Rumbo a Francke.
Y al amanecer,
como recién nacida,
me levanto en los campos.

(de Espantando fantasmas con letra chica. Osorno: Editorial Maicolpué, 1993).




LA MUJER DEL CESAR

La mujer del César usa las uñas cortas
No se pinta los labios, habla despacito
Y en los salones tiene cuidado de sentarse
Con las piernas juntas.

La mujer del César obedece mansamente
Porque la paz del mundo
Depende de su boca.

La mujer del César escribe cartas
Que no envía a nadie
Porque no es propio de ella,
Contar a otros, que en sus rezos olvida
Algunos mandamientos.

La mujer del César se confiesa los domingos
Porque durante la semana,
En secreto,
Ofrece manzanas al prójimo.

La mujer del César no mira el trigal ajeno
Ni se envanece en los espejos.
Ella cultiva amapolas encendidas
En un jardín oculto donde no es necesario
Sentarse con las piernas juntas.

(de La Mujer del César, libro en preparación)




RASGANDO VESTIDURAS

Líbrala, tú, de parecer una mujer alegre
Acalla con tu voz el gorjeo de golondrinas
Que vuela desde su boca
Y detente frente a la cruz de ceniza
Que pone límite a sus ojos.
Porque ella usa un hábito de luto
Y no presume
De encantar serpientes en los salones.

Ella teje en un telar interminable
La mortaja que habrá de acompañarla
Cuando la ausencia de ti
Eche al vuelo las campanas.

Ella es una sombra oscura que se desliza
A
/.../Tientas
En la tempestad del fuego eterno
Y
/.../Nada
/............/Ni
/................../Nadie
Se atreverá a poner en duda que su cuerpo
Sobrevive intacto a tanto infierno.

(de La Mujer del César”, libro en preparación)





MAGDALENA

Hubo sólo UNO que sintió
la música cristalina
Que corría por sus venas
Y fue ciego a las llamas
Que salían de sus ojos.
Entonces, el pueblo entero
Tuvo que cargar
De
/.../Vuelta
Los guijarros justicieros
Y ni siquiera la mujer del César
Se atrevió a lanzar
La
/.../Primera

/................/Piedra.

(de La Mujer del César, libro en preparación)




FINAL

He plegado mis alas para gozar del infinito vuelo
y sé que hay soles y estrellas más allá de mi mirada
más lejos incluso que el abismo de tus ojos.

Si todo cabe en el silencio, demás está mi boca
que persigue tus palabras
como un suicida en busca del disparo

(originalmente publicado en Trilce 14, agosto 2006).

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