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Sur-Patagonia : Elucidaciones [an error occurred while processing this directive] 17 de mayo de 2012


Voces en el silencio. Poesía en la Patagonia
Virginia Rojas Rodríguez

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Este texto corresponde al prólogo de la antología Voces en el silencio. Poesía en la Patagonia, que recoge una muestra importante de la poesía actual de la Región de Aisén, Chile. Valdivia: El Kultrún, 2004, 118 pp. Selección, presentación y análisis de Virginia Rojas Rodríguez

(contacto: rojas.vicky@gmail.com )

qué bueno es estar aquí, no lejos del corazón

Esta selección de escritores residentes en la Región de Aisén se origina en un proceso de madurez alojado hace tiempo y en la necesidad vital de soñar y complacer los sueños. El criterio que utilizo es su constancia en el tiempo: escribir a pesar de la imposibilidad de una publicación, sin la ansiedad de considerar ésta como un fin en sí mismo. En definitiva, es el corazón el que dibuja cada uno de los poemas componentes de este tejido. «No son todos los que están, ni están todos los que son», pero participan los que creyeron en esta tarea y me confiaron sus poemas. Otra razón es dejar el silencio en el que nos encontramos en Aisén, silencio que nada dice si no lo interrumpen las palabras; lo elemental es existir desde nosotros y lo poético es provocar que estas voces se escuchen y oigan por encima de lo demás.

Por último, se trata de dar a conocer, donde pueda llegar este libro, la gente de valor que escribe en la Patagonia chilena.

La poesía es una forma de alimentar el espíritu, sentimientos que a través de los vocablos muestran y transforman nuestra cotidianeidad. Pero no a todas las personas les gusta la poesía; posiblemente, porque es poco entendible para estos tiempos cada vez más agitados y habituados a resultados efímeros. La afición por la lírica implica necesariamente leer, releer con paciencia y acuciosidad, en un proceso más profundo y reflexivo.

No sólo debemos pensar en la escritura sino en la evolución de ésta: se trata de depurar las creaciones literarias, mejorar la calidad y encontrar un estilo propio, dándole más tiempo al oficio, más del que estos escritores le han entregado hasta ahora, ya que el rigor y la constancia valen más que cualquier taller o curso.

Como hemos visto, la sombra de Neruda ha sido muy grande para los poetas de este lado de la cordillera, inclusive estando geográficamente en el borde oriental. Algunos de los poetas citados en esta selección han salido airosos, pero hay otros que aún están bajo su influjo, esperamos que no por mucho tiempo. De igual forma, algunos tienen o tuvieron cercanía temática con la corriente lárica, cuyo principal exponente es Jorge Teillier.

Las selecciones o antologías, por diversas razones, no siempre son objetivas; al contrario, pecan por lo general de subjetivas, pues siempre queda alguien voluntaria o involuntariamente fuera de ellas. Por cierto, ésta no será diferente a otras.

La poesía escogida en esta oportunidad se basa en textos que representen el lugar que vivimos: la Patagonia. Las situaciones expresadas en ellos son actuales, contemporáneas. Sandra Bórquez, Ricardo Altamirano y Tristán Sade nos muestran realidades y sentires humanos desde su diversidad. José Mansilla nos remonta al pasado agonizante de nuestros ancestros.

Por último, la mirada filosófica que presenta Gustavo Adolfo Cáceres sobre el género humano y su existencia.

Incluyo, asimismo, un apartado de Poetas Invitados que representa una muestra de lo que nos hace diferentes al resto del país, aunque sus escrituras sean similares a los grandes de las letras chilenas. Estos registran una producción poética referencial para la poesía de Aisén y han publicado textos que han enriquecido el acervo cultural local, haciendo que nuestra literatura tenga un espacio en el dominio público.

En la Patagonia, donde aún somos una tierra aislada, hay voces que se entrecruzan con el silencio para amar y expresarse a través de la poesía.

Semblanza de Aisén

La Región de Aisén se ubica en la Patagonia Chilena, entre Chiloé y Magallanes. Caracterizada por una geografía diversa, la conforman cerros, cordilleras montañosas, pampas, extensos campos de hielo y un litoral dotado de un gran número de islas. La pueblan aún impresionantes bosques milenarios y posee variados climas: frío seco en la pampa, frío húmedo en la cordillera y lluvioso en el litoral.

Su historia de ocupación por el Estado y los pobladores chilenos es reciente -105 años atrás en términos latos-, aunque se sabe que la Patagonia está habitada desde hace diez a doce mil años aproximadamente. En el litoral habitaron los Chono, pueblo canoero ya disminuido a fines del siglo XVII. Los Tehuelche -o Aonikenk, en su lengua-, habitaron la cordillera y los relieves orientales de la pampa: sus últimos sobrevivientes menguaron drásticamente a fines del siglo XIX y principios del XX. Hubo asimismo la presencia de Alacalufes -o Qaweshqar- y Yaganes al sur, cerca del Golfo de Penas, en los límites con la Región de Magallanes.

Desde el siglo XVI y hasta principios del siglo XX, navegantes y exploradores recorrieron la zona con diversos motivos. Varios recorrieron la Patagonia Central en busca de la Ciudad de Los Césares, mítica ciudad habitada por españoles e indígenas, paraíso del bienestar económico y espiritual, adornada con metales preciosos, custodiada por grandes perros e impregnada de bellezas físicas y espirituales en una inmutable pervivencia transtemporal. En 1520, Antonio Pigafetta, a bordo de la flota de Hernando de Magallanes, designa a los indígenas que ve a su paso como Patagones, al parecer por la estatura de éstos y por las grandes huellas que dejaban en la nieve. En 1557, Juan Ladrillero zarpa desde Valdivia en una de las primeras expediciones, programada como tal, hacia el territorio austral.

A principios de 1900, pobladores chilenos que provienen de Argentina, entran a estos territorios con el objetivo de ocupar tierras sin dueño, en una ocupación popular que se extenderá a otros sectores, incluso hasta hoy.

Sus dilatadas extensiones hacen que viajar de un lugar a otro signifique horas o días. Aquí, el concepto de lo instantáneo aún no es posible; y las horas en torno a la conversación, en el cruce del mate solidario, conforman un encuentro humano profundo en la soledad de sus habitantes que, repartidos por el territorio, dan vida a una de las regiones menos pobladas del país.

Aisén es un conglomerado humano suspendido en un tiempo alejado del tráfago urbano; distante de la prisa irrespirable de las grandes ciudades, vive un estado de aislamiento en que la modernidad se percibe como eje de lo volátil. Aquí, hombres y mujeres recuperan el espacio para contemplar la vida sin apuros.

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