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Sur-Patagonia : Elucidaciones [an error occurred while processing this directive] 17 de mayo de 2012


Morir es vivir: la trizadura del tiempo y su realidad
Jorge Velásquez

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 Versión Impresora

“Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura...”

Allen Ginsberg, del poema “Aullido”


“...la guata de zurita allí yace Martínez
Cameron todos
En la borrachera se han comido)
: A LOS MEJORES POETAS DE SU GENERACION”

Yanko Gonzalez


Resucité a los 33. Ya me golpeaban desde antes con sus teorías y crisis de autocensura, con la inclusión o exclusión de toda escuela, moda, estilo o antología para enriquecer aun más los procedimientos, los conjuntos, los proyectos, los ruiseñores que con aplausos ignoran la reescritura, con las frases que me seducían y pienso en “el nuevo lenguaje del borde periferante rayando la esquizofrenia del límite y sus matices”. Mi trinchera fue siempre una isla, el arte y buque de magia, la comprensión de la compleja historia de la soledad y su certeza cohabitantes, ahora, de la pobreza administrada en concesiones. Sus ideas eran poderosas armas de transfusión y el sincretismo una manera única de visualizar la realidad; lo demás maquetas, comunicaciones equidistantes, impuestos a promociones y generaciones que nunca existieron, sombras de contaminación que retribuyen despego y desalojo del fuero interno.

Todo es sistema me dijeron, el mundo un vivero de semillas artificiales y aquél que reniega, reniega de su hermano mayor ronco por las órdenes contra los bueyes sordos a su música, de su padre que construye una chalupa para reflotar seres queridos entre olas desaparecidas; todo paradigma, intervalos, piedras tiradas de vez en cuando al canal para salpicar un sueño de la infancia. Pues bien, en plenitud de los derechos del niño se consagra una “cajita feliz”, allí donde el maquillaje de una mujer retrata las mecánicas escaleras. Aquí las palabras son movidas por sensaciones. Ven, sólo dentro de la casa conocerás su fiesta y bailarás con la esposa del gerente para evaluar la crisis de la rentabilidad; afuera sólo hay columpio tratando de entrar en el aire.

Estamos en la época del convencimiento, de la sobreposición de los temas y su escasez, de los gestos numéricos y del sentimiento de marginación elevada a la potencia de diez. Y mientras aquí, en la Universidad, se discute el mejor proyecto de Acuicultura, el proceso de costo que optimice la gestión conducente a ser más competitivo frente a la competencia, los últimos fantasmas desclavan las tablas de alerce frente a los ríos de la intemperie, y los padres, sin otras manos, deambulan por el potrero de la angustia esperando lucidez y honestidad frente a la precariedad de sentimientos y la dificultad del vivir en esta aldea.

Entonces la poesía debe alcanzar los límites de la simpleza, esa posibilidad de ser más humano. ¿Para qué el talento si se desconocen las utopías? ¿A qué tanta retórica navegando en el río de los escorpiones? Yo desaparecí entre tanto poeta que publica y publica y quiere aparecer, pero no estuve solo. Vean la “Jugada Maestra”, “Detrás de los libros”, “Sobre el mundo donde verdaderamente habito”, “Porque escribí”, “Carta a un Joven que se propone abrazar la carretera del Arte”, y tuve “Influencias”: una “Conversación con el Inspector Fiscal sobre la Poesía” y “Algunas reflexiones improvisadas sobre mi trabajo”. Todo es parte de un árbol, un gran tronco sustenta la tradición y hay también una rama gigante que sostiene el peso de la ruptura y una serie de ramificaciones algunas con barba de palo que dan vida a este vertiginoso crecimiento de hebras, savia, hojas y polen que por algún tiempo parece secarse y a punto de morir.

Mi generación era un verbo incipiente anidando en una rama. Los cerebros fueron destruidos, como en Pompeya, porque una emboscada de la naturaleza no tiene piedad ni siquiera con la crítica, y vi las mejores mentes en otra generación destruidas por la locura, por el grito del arte vivo rebanadas con la hoja de una afeitadora.

La poesía no es sino el ejercicio de la honestidad, cualquiera sea el luegar desde donde se haga: lo he visto en la ciudad retratada desde el exilio o en las tribus urbanas desde el río Calle Calle. Los piratas están a la palestra y el botín no lo negocian con nada ni con nadie. Por eso explico: las marionetas se construyen; no así esta isla esculpida por los ojos de la memoria y, aunque me lo impugnen o yo promueva mis propios espejismos, sigo viendo una Ciudad Poética, una Zona de Emergencia, el Eco de la Montaña traspasando los recovecos de la historia y el peso de los tanques que florecen Índice, Tebaida, Trilce, Arúspice.

Finalmente lo que importan son los poemas, el texto a destajo, a pecho abierto, libre de ataduras, transparente, porque la poesía debe dar vida: morir es vivir, me decía un compañero después de la derrota. Yo estaba con mi bote estopando la esperanza, haciéndome fuerte en tierra para que no le entre agua al primer recorrido porque los vientos soplan sin distinciones, y no siempre la marea devuelve este cadáver que a veces somos.


Osorno, octubre del 2006.



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