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Aula : Trabajos [an error occurred while processing this directive] 17 de mayo de 2012


Los diálogos del tejido en la construcción de la memoria. "Anexos"
Roxana Miranda Rupailaf

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El arte de tejer: descripción de algunas técnicas y de sus artilugios

Procesos del tratamiento de la lana de oveja

1) Lavado de lana

Esta es la primera actividad en el proceso textil: en una olla grande sobre el fuego se disuelve un jabón suave que no contenga tantos ácidos. Posteriormente, se mezcla esa agua de jabón con agua fría, y se coloca sobre la mezcla la lana, se lava cuidadosamente para obtener un buen resultado.

2) Escarmenado de la lana

Antes de hilar se selecciona la lana eligiendo la mejor para un hilado de primera calidad. La hila que se hila de un modo más grueso está destinada para confeccionar bajadas de cama o frazadas. Para escarmenar se busca el as de la lana abriendo de acuerdo como lleva las escamas, en forma continua sin cortar.

3) Proceso del hilado: El hilado se lleva a cabo según la prenda que se va a elaborar; ejemplo: para tejidos a palillos se debe hilar lana corta, de dos torcidas al hilar. Para tejido a telar el hilado debe ser más torcido; este hilado debe tener más consistencia, para que esto suceda se realiza con lana de vellón.

4) Torcido de los hilados: Para torcer se juntan dos hebras. También se tuerce según el producto que se va a elaborar. Para tejidos a palillos es una torcida y media y para tejido a telar son tres torcidas.

5) Lavado de hilados: El hilado se lava con agua tibia, no se utiliza detergente ya que este producto apelmaza la lana hilada; además interfiere en el teñido natural

Tipos de hilado y lana

El güiñe es un hilado delgado torcido, la trama es un hilado más grueso que el güiñe y poco torcido. Para confeccionar estos tipo de hilado se utiliza el huso, nombre que se le da a un trozo de madera delgado, que tiene forma de lápiz aguzado en las puntas y que varía entre 30 a 50 cmts, de largo aproximadamente dependiendo de la función para lo cual se requiera.

El huso para hilar güiñe o trama es el de 30 cmts, y el de 50 sirve para torcer la lana; para esto se saca la lana de dos husos diferentes y se vuelve a hilar en el de 50 cmts. Cada huso lleva en uno de sus extremos una tortera que generalmente es una circunferencia hecha de papa, madera, teja o hueso; se introduce en uno de los extremos del huso y sirve para darle mayor estabilidad y peso cada vez que la hilandera lo hace bailar dándole vuelta en redondo con las manos o fregándolo contra la pierna. Para que el huso no se entierre en el piso se utilizan unas tablas para protegerlo.

El tipo de lana que se utiliza es la lana de vellón. Ésta es la mejor por ser la más limpia y fácil de trabajar; a medida que se ocupa la lana, se va escarmenando para sacar las impurezas que pudiera tener, dejando los bordes de estos vellones llamados punta o lleno, para ser utilizadas en el relleno de camas.

Una vez que la hilandera llena su huso comienza a aspar. Esto consiste en sacar la lana del huso para formar la madeja, para lo cual se utiliza el aspa, que es un trozo de madera cilíndrico de aproximadamente 50 cmts. de largo y en cuyos extremos a más o menos 10 cmts. se le atraviesan dos maderos más pequeños y de menor diámetro, quedando en forma de cruz. Al terminar de sacar toda la lana que tiene el huso, la última hebra se pasa por un extremo de la madeja antes de sacarla del aspa, esto sujetará la lana para que al lavarla no se enrede.

El lavado de la lana se hace en artesas, tinas o ríos, y se utiliza preferentemente jabón de lavar; la lana se lava sacudiéndola de un lado para otro, no se pude manipular bruscamente porque se enreda. Terminado el lavado se pone a secar de dos maneras, extendida sobre los cercos o simplemente sobre un alambre de colgar ropa. Demora tres o cuatro días en secarse, después de esto la lana que va a ser tejida en su color natural es ovillada y la que va a ser teñida permanece en madejas.

Para ovillar la lana se pone la madeja en un utensilio denominado devanadera, rebanadera o vanadera, que tiene la forma de un rombo, formado por cuatro tablas angostas, lleva un eje central y que descansa en una base en forma de cruz, pero con maderos más sobresalientes para dar estabilidad, es más angosta arriba. Al ir tirando la lana para formar el ovillo esta va dando vuelta sobre su eje y así queda la lana lista para ser utilizada en el tejido.

Según la prenda que se quiera tejer y para darle mayor colorido se tiñen las madejas del color que se desee y según los materiales naturales que existan disponibles en un determinado lugar, se utilizan plantas o partes de la misma como pueden ser la raíz, tallo, hojas, flores y frutos.

Estos materiales se pican, y en el caso de los frutos estos deben ser molidos. Se dejan remojando una noche. Para lograr un mejor colorido es necesario que los materiales sean frescos. Si se quiere un colorido intenso, se usan entre dos o tres kilos de material por un kilo de lana. Si se quiere un color más claro, se usa de medio kilo a un kilo de material vegetal.

Para fijar mejor el color se utiliza la piedra lumbre que se obtiene en la farmacia o almacenes. Si no se cuenta con este material se puede usar también la sal común y que se coloca aproximadamente a los 25 minutos de iniciado el teñido. La piedra lumbre se disuelve en agua caliente (cuatro gramos por tres litros de agua para cien gramos de lana) se revuelve bien para que se disuelva, luego se agrega la lana mojada y que debe quedar totalmente cubierta por el agua. Se deja durante 30 minutos en agua a punto de hervir, revolviendo suavemente, para que penetre de manera uniforme.

Para obtener los colores se coloca agua en una vasija a la que se le agrega la parte que se va a utilizar del vegetal (corteza, raíz, flor, etc). Se hace hervir por espacio de dos o tres horas aproximadamente; en este espacio el vegetal suelta o disuelve su tintura quedando el agua del color que proporciona el vegetal. Luego se cuela esto para dejar sólo el líquido.

Para teñir la lana se pone el líquido colorante obtenido a calentar en una olla enlozada; cuando está tibia se le agrega la lana mojada con el fijador. La lana debe quedar cubierta por el líquido; se pone a fuego suave para que no hierva; ya que la lana se encoge y se encrespa.

Además durante todo el proceso, se debe revolver constantemente para que el colorante penetre uniformemente. La duración del baño del teñido es de 20 a 30 minutos aproximadamente. Se retira la olla del fuego y se deja enfriar. Una vez fría se retira la lana ya teñida y se enjuaga bien en agua tibia, secándose a la sombra.

Algunas de las especies más usadas son: ulmo, depe, canelo, barba de palo para la obtención del color café; matico, mechai para el amarillo; cadillo para el plomo; maqui para el morado y barro para el negro.

Según las prendas los colores más usados eran:

Refajos: rojo, granate y blanco natural.

Chales: generalmente eran a cuadros, blanco con negro, café con blanco, etc.

Frazadas: blancas enteras, blancas con rayas negras o café, bordadas con flores, estas se iban bordando a medida que se iban tejiendo, algunas veces la tejendera hacia su diseño en un papel, en otras lo hacía sin él dependía de la experiencia de la tejendera. Para tejer una frazada se necesita alrededor de 6 kilos de lana.

Choapinos: negros con flores de diferentes colores, blancos con flores, café con flores de diferentes diseños, de un solo color, etc. Aquí la variedad de colores es inmensa, para tejer un choapino se necesita alrededor de 5 kg. de lana.

Mantas:generalmente plomas, se necesitan aproximadamente 5 kg. de lana.

Chomba: blancas, plomas, blancas con negro, etc. Se necesita 1 kg. de lana.

Gorros: negros, plomos, blancos, blanco con negro, etc.

Tejido y partes del telar

El quelgo es una armazón de madera compuesta por varios utensilios, generalmente se utiliza a ras de suelo.

Las partes o utensilios del quelgo comenzando desde el suelo son:

Las vigas, palos o postes: son dos maderos de cuatro caras que se ubican en forma paralela en el suelo y que a cierta distancia tiene unos orificios más o menos a 30 centímetros para poner los cheulles, horcones o changuai que son los que sujetan el quelgo.

Quelgos:son dos, éstos van sobre los horcones y en ellos se pone el hilado o urdido. Éstos son confeccionados por el dueño de casa, labrados a hacha y la madera que se utiliza para esto es el laurel o canelo.

La caña: sirve para levantar o sujetar los tonones que son hebras de hilado amarrado uno por medio tanto a la caña como al urdido, está sujeta por dos lienzas o pitas de ñocha que cuelgan desde el techo en cada uno de sus extremos, o en otros casos, pero menos común, se sujetan por medio de unos pequeños ganchos a un madero dispuesto para este fin.

El Iguelle o Igueñe: es un palo en forma de huso al cual se le pone la lana de los ovillos llamada trama y se va pasando entre las hebras del urdido de lado a lado para formar el tejido.

Paranpague:sirve para levantar las hebras y separarlas, dejando pasar el iguelle.

El ñeregue: ajustador que tiene forma de cuchillo y sirve para apretar el tejido, los hay de diferentes tamaños según el tejido.

Verargue: sirve para estirar el tejido, para que quede parejo, va debajo del tejido.

Dipe:es una aguja de coligue y sirve para coser los tejidos una vez terminados.

Piquihue o piquilgue:lienza o hebra de ñocha, se usa para medir el largo del tejido, se coloca uno a cada costado para que el tejido quede parejo.

Las prendas que en este instrumento se tejen varían en su tamaño, y algunas en su espesor de acuerdo a la prenda a tejer.

El largo de la frazada y sabanillas va desde 3 a 5 varas (1, 50 centímetros a 2 metros) y se tejen con dos o tres cañas según lo desee la dueña de casa. Para tejer una manta se le toma la medida al hombre desde la cabeza a la punta del dedo gordo del pie y el ancho con los brazos extendidos, el hueco que se hace para poner la cabeza se llama pilco.

En la confección de la prenda la tejendera se demora entre dos a cinco días dependiendo del tiempo con el cual disponga.


Entrevista Marcia Mansilla (Mayo 2006)

¿Cómo crees tú que tu trabajo se justifica en un discurso que incluye tanto elementos de la tradición como de la modernidad?

Yo no tengo el don de la palabra, mi motivación son los materiales, los materiales y la expresión de las tejenderas mismas, ese es mi referente, mi norte. Que nos mostremos culturalmente. Mostrar a las mujeres y mostrar los materiales.

En la temporada de agosto, septiembre, octubre son otros los colores que se utilizan. Ya en los meses de verano se utilizan los colores más claros, pocos matices. Es otro diálogo, el diálogo del material.

Aunque la lana de oveja no sea la más óptima, los productos finalmente tienen ese carácter primitivo que no te lo da cualquier material. Eso lo entiende el público que compra el trabajo. Entiende el carácter cultural de esto, si tú te fijas, ellos están acostumbrados a vestir con materiales más suaves, más livianos, más nuevos como el algodón. Finalmente con ellos también se establece un diálogo. En cambio, nuestro material es más duro pero tiene esa cosa única que no te lo da una máquina. La lana de oveja es hilada a mano, pero también existe la otra artesanía, la artesanía un poco más industrializada. El mercado está atiborrado de chaquetas que son planas de texturas, súper rígidas. Más delgadito puede ser, un poco más suave pero no pasan un invierno. Se echan a perder más rápido de lo que se echaría a perder una prenda hecha con un telar tradicional.

Me parece que hay cierto desconocimiento en cuanto a la apreciación del diseño. Por ejemplo, yo he ido aprendiendo a través de tus comentarios. Uno como consumidor ve la prenda estética pero no sus cualidades

Lamentablemente falta formación, el trabajo del taller es apreciado por pocos. Si te fijas, por gente más preparada, por intelectuales, profesionales, gente que tiene otra sensibilidad frente a un producto. Para ellos no es sólo un producto de ocupar todos los días. Lo ven más allá de eso, tiene un valor agregado. Tengo tres o cuatro clientes aquí en Ancud, una es arquitecta, la otra doctora y una psicóloga. No es que yo lo crea, ni que lo quiera. Yo no quiero que sea así.

A las artesanas les encanta y admiran cuando ven sus lanas expuestas de unas formas casi extrañas para ellas, a veces se conmueven de ver sus hilos mezclados con otros. Es inusual. Pero, esa misma forma les ha servido, les ha hecho bien para mirarse en diferentes formas, para valorizar su pega. Se sienten más seguras, les gusta que tengamos esa diferencia, más prolija y más pulcra de exponer un trabajo.

En el taller trabajamos treinta y cinco mujeres, nueve de ellas con contrato. Todas mujeres de esfuerzo, acostumbradas a manejarse con todo a la vez: trabajo, niños, casa, huertas. Somos una cadena, si no está atenta la ovilladora con los materiales, por ejemplo, quebramos la rutina de producción que tenemos. Sabemos que en invierno aparecen lo colores más oscuros mezclados con chispazos cargados de vida, de color. En verano aparecen los colores más frescos, hay que reinventar combinaciones. Estamos hablando de artesanía pero también estamos hablando de diseño; son cosas que van a la par.

¿Crees que tu taller “Kelgwo” puede ser considerado como una empresa?

Qué fea la palabra. No, no estamos en la ruta de una empresa ni de una microempresa.

¿Qué diferencia a tu taller de una microempresa?

Los pintores tienen que vender sus cuadros y no por eso son empresarios, son artistas. Pasa lo mismo con el taller, éste no funciona con una misión de vender a costa de los artesanos. En el taller cada producto que se confecciona no es que sea único porque es “exclusivo”, si no que su manufactura lo es porque el color lo es, por eso. Existe un diálogo de cada pieza porque así lo dictan los telares, la forma de trabajar de cada persona. Nosotros no estamos en la ola de proyectos, no tenemos financiamiento de nada, nunca hemos tenido financiamiento porque, si no ya hubiésemos estado con los microempresarios del Banco Estado o con chequeras de cualquier Banco. No tenemos cuenta corriente. Nosotros sólo funcionamos para manejarnos con nuestros sueldos. Por supuesto que me encantaría manejar el salario de las mujeres que trabajan conmigo. Nos inscribimos en la caja de compensación para resguardarlas, para que ellas entiendan que esto también es un trabajo profesional desde el punto de vista de las artesanas. Que ellas mismas se valoren como profesionales que son. Yo las necesito a ellas y ellas me necesitan a mí como profesionales. Es una cadena súper fuerte. Si ellas no están yo no estoy, te fijas. No estamos hablando de ser una microempresa. Las microempresas están destinadas a un cuento mucho más económico. No tenemos las características, no tenemos producción de empresa ni de microempresa. Funcionamos con la inteligencia que tenemos de poder mantener el taller. No es que seamos desordenadas; todo lo contrario somos cada vez más concretas y enfrentamos nuestro trabajo de mejor forma. Patricia, la encargada contable, se ha preocupado de que yo me ocupe más del diseño: del color y el asunto estético. Antes tenía que hacer todo y se me estaba “disparando la máquina”, me estaba despreocupando de cosas que de verdad son el fuerte mío.

Podríamos hablar de tu trabajo como una cadena de colaboraciones ¿Crees que pueda verse como una minga chilota moderna?

Qué bonito, sí. A mí me carga cuando ponen en las revistas Marcia Mansilla sin considerar que esto es un taller de artesanas. Prefiero hablar del taller, no me siento cómoda si aparezco yo primero, eso es mentira. Yo soy un pedacito del taller.

La gente no cree que sea un cuento sin fines de lucro porque hace la diferencia en que yo soy diseñadora. Diferencia que ellos ven, gente externa. La diseñadora tiene mucha más disciplina y estudios, tiene prácticamente “el sartén por el mango”. La artesana es más débil, más tradicional y de escasos recursos. Existe un plus que la diseñadora gana y que necesariamente no es tan así. Para la gente es difícil entender mi trabajo.

Es tanta la transparencia. Nosotras todos los años subimos los sueldos y si ganáramos proyectos todas tendríamos mejores sueldos. La que organiza el taller maneja las llaves y la plata. Yo no tengo dinero todos los días, yo recibo el sueldo a fin de mes y nada más. Hay una jefa de taller, ella está ganando más, y debe estar atenta a lo que quieren las personas, que los telares no estén parados, que los materiales sean los adecuados, cosas así. Ella tiene la gracia de generar una buena onda en el grupo y de lograr que las tejenderas se sientan más seguras. Todo esto hace que el taller no sea una empresa. ¿Tú crees que la diseñadora que acaba de llegar de Santiago trabajaba con ventanales en el lugar en el cual estaba? Allá nadie tiene ventanas, los horarios son rígidos. Aquí el concepto es totalmente diferente desde que llegan hasta cuando se van: ¡Muchas gracias, chicas! ¡Buen fin de semana! Todo es como una familia.

Sé que no se vive de pura buena onda. Igual soy súper concreta, aterrizada y analítica. El ser disciplinado hizo que yo forme este taller que no es una empresa. Por ejemplo, ellas tienen tanta confianza que en una de las reuniones mensuales que hacemos, una me dice: “Estamos pensando qué pasa si Ud. vende y en vez de pagarnos los sueldos nos paga por prenda vendida”. Yo quedé como analizándolo y después de diez minutos más o menos nos pusimos a reír, porque ellas solas se dieron cuenta de que hay meses en que no vendemos nada. Solas se manejaron con eso. No fue necesario que yo les explique, solas comprendieron que les convenía recibir un sueldo estable. La exposición y la venta son cosas que cuestan mucho. Ellas en verano ven que se vende un montón, pero qué pasa después.

¿Qué de patrimonial ves tú en el trabajo del arte textil?

El patrimonio en mi caso es la técnica. El diálogo que existe dentro del trabajo entre artesanas y yo es distinto. Ellas están más cercanas a la lana pero no lo ven.

Ya no podemos cambiar la influencia de nuestra formación académica.

Cierto, yo no dejo de agradecer mi vida porque cuando yo comencé a estudiar a mí me apasionaba el diseño, y me puse a trabajar como ayudante de talleres, y de repente me salió una pega en un canal; fue un aprendizaje. Todo esto me sirvió, pero era mucho más fuerte el cuento de la isla y el manejo cultural.

…Me quedó dando vueltas el tema de la empresa…

Es raro cuestionarme esto porque como que no es tema. Jamás he pensado avanzar ni arrancar más que el grupo. Me cuesta entender que se pueda ver así. Con los contratos nos sentimos más bien amparados, protegidos por fueros, por todo lo que implica un contrato. Yo creo que tengo tranquilidad. Le tengo fobia a la palabra empresa.

¿Qué tiene de malo?

No está dentro de mi ambiente, no tengo esa formación. Yo siempre he hablado de mi taller no de una empresa ni de una microempresa. Es cierto que la gente comienza a ver más grande mi taller. Pero, qué es eso.

Depende de la realidad de quién venga. Por ejemplo, mis clientes no lo ven así, ellos me entienden exactamente como tú me estás entendiendo, ellos no en eso, pero, sí, hay otras personas que tienen otro estilo, otra forma de vida, ellos ven esto como una empresa. Piensan que el taller es mío, y yo no tengo nada, ni la casa es mía. Creen que soy una empresaria exitosa, pero: ¿Dónde podrían darme un crédito? Las empresas financieras encuentran inseguro mi trabajo, no soy creíble para ellos. Ni en SERCOTEC soy creíble, y eso que ellos trabajan con microempresarios. No me he ganado proyectos, me los han rechazado; todo lo contrario. No soy creíble.

¿Tomas cosas positivas de lo que es una empresa? Porque después de todo uno no puede salirse completamente de este sistema.

Nosotros tenemos una caja chica porque las tejenderas tienen que vender sus lanas, vienen desde los campos y a veces les compramos, independiente del tipo de producto. Sentimos la necesidad de que ellas saben que cuentan con nosotros para comprarle el trabajo. Muchas veces los productos no son de la mejor calidad pero los compramos también. Hemos podido relacionar diferentes productos dependiendo de diversos materiales, entonces, podemos manejarnos con material no tan bueno; quizás para un tapiz que no es un ornamento, no es parte de una vestimenta, no va a picas, no va a ser un problema. Hasta en la compra de materiales nos sentimos comprometidas con las tejenderas.

De repente, los materiales no son los más adecuados, pero sí son utilizados en el taller para otro posible diseño. No soy tan radical si las personas llegan hasta acá le compramos material pero lo usamos para objetos más utilitarios.

Tengo una mirada tan estructurada de lo que es una empresa. Acá las cosas funcionan distinto. Por ejemplo, lo del comedor, hay una energía que se armó en el taller respecto a las colaciones. Cada una podría traer su colación y servírsela, pero ellas mismas armaron esa comunión de que a cada una le toque un día para cocinar para el grupo, eso no es común.

Son mujeres, si tú comienzas a ver el cuento de los horarios o de los permisos vas a encontrar un montón de permisos, y eso no implica que eso tenga incidencia don su trabajo, para nada. Como son mujeres se comprende cuando tienen reunión de apoderados o se les enferma un hijo, y un montón de cuestiones que tienen que ver con mujeres, jamás voy a estar en contra de ellas con un pero. Que sean mujeres en parte del taller.

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