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Aula : Trabajos [an error occurred while processing this directive] 17 de mayo de 2012


Los diálogos del tejido en la construcción de la memoria. Capítulo 4: “Historias y discursos locales. Los fragmentos del pasado y las huellas del presente en los objetos textiles”
Roxana Miranda Rupailaf

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En los capítulos que anteceden, revisamos lo que las tejedoras dicen de su arte textil y lo que la diseñadora Marcia Mansilla dice de su quehacer textil, en términos de Clifford “las historias locales que se producen alrededor de los objetos”, considerando como historia local a aquel texto/discurso que producen sujetos originarios en cierta localidad. Historias locales que por ser discursos ideológicos comportan en sí mismas realidad y ficcionalidad. El registro de voces recopiladas en Chiloé, está sujeto, entonces, no sólo a lo que es el trabajo textil, sino también a lo que se espera que el trabajo textil represente, en el entendido que la representación es lo que se desea (desde la localidad) que los otros construyan como propio de lo que somos (en el contexto global). El discurso es una textualidad imaginaria construida intencionalmente: “Red de relaciones de poder que son histórica y culturalmente específicas, construidas y en consecuencia, susceptibles de cambio”(Colaizzi, citado por Ulloa 20).

Los discursos registrados corresponden a voces femeninas que se dedican a un diálogo de silencios y murmullos con la lana, y cuyo lenguaje está expresado por experiencias de vida diferentes (tejedoras urbanas y rurales, artesana/artista, tejedoras tradicionales y modernas) y, sustentado, además, por la producción de objetos estéticos distintos (tejedoras de alfombras; de choapinos; de frazadas; prendas de vestir) que, a su vez, evidencian modos distintos de relacionarse, y de querer relacionarse, con el quehacer textil.

Los fragmentos del pasado[1] se constituyen de múltiples historias locales que muchas veces se materializan en objetos, estableciendo una relación recíproca entre objetos y sujetos: los sujetos construyen un discurso sobre los objetos, mientras que, por su parte, los objetos hablan por los sujetos. Ejemplos de esto son las casas del kilómetro 7, camino a Curaco de Vélez en la isla de Quinchao, en donde habitan muchas tejenderas las cuales tienden a secar sus lanas en los cercos, y sus tejidos en los cordeles: tejidos que expresan gamas de colores, entramados y diseños distintos entre sí[2] .

Los objetos concebidos como fragmentos del pasado, en ocasiones, no alcanzan la categoría de arte en el imaginario de los artesanos; alcanzando sólo sus dimensiones de historia o ley dentro de una comunidad, es decir, el valor de los objetos culturales es su contexto está determinado por el entramado de historias locales que subyacen en ellos y no por el valor estético que puedan llegar a tener (Cf, Clifford, Itinerarios transculturales 236). Por ejemplo, aquéllas artesanas que ven su trabajo como tradicional, pero que dentro de este concepto sólo aluden a un conocimiento textil heredado sin hacer reparos en la estética de sus productos, pues, por falta de formación académica, no reconocen estos valores del todo; pero los intuyen cuando hacen referencia al tipo y torcidos de lana utilizados.

La estética actual, posterior a las vanguardias e influenciada por la globalización, no sólo considera al objeto por su belleza estética si no también por las múltiples voces locales que desde el objeto dialogan y convocan a diálogos. Sin embargo, esta estética, sobre todo en su primera parte, no puede ser aprehendida del todo cuando la comprensión de la misma se reduce a un saber academicista, al que parte del público, y la mayoría de los artesanos no tiene acceso. El énfasis de las artesanas en generar discursos sobre sus objetos, radica en que éste es, finalmente, el campo de dominio de ellas; son las artesanas quiénes pueden hablar y construir, a partir de sus objetos, bases para las historias y discursos locales. Clifford señala al respecto que los objetos provocan (solicitan, otorgan voz a) historias permanentes de lucha(Cf, Itinerarios transculturales 239). Es decir, los objetos no sólo comportan historias que versan sobre la tradición sino que también conllevan discursos de carácter ideológico y político que hablan de las múltiples luchas de sus localidades de origen.[3]

Las voces locales que dialogan desde los objetos nos hablan de historias locales y de discursos locales. Si bien, la estética moderna considera también las voces locales que hablan a través de los objetos, sólo los considera en cuanto a historia, aún más en el caso de Chiloé y, tal como lo señala Marcos Uribe, como “historia estereotipada[4] ” modelada por la historia oficial de los colonizadores. Si no podemos hablar del componente de historia local presente en los objetos chilotes menos podemos decir que son visibles los discursos locales; al contrario, estos discursos son invisibilizados a través de la gran “historia de tradición” que se construye sobre Chiloé y los chilotes.

Los objetos no son por sí solos sino que lo son frente a una conciencia (Vergara, “Objetos patrimoniales”, inédito). En el caso particular de los objetos textiles, estos son en primer lugar objetos funcionales que sirven para algo en específico. Por ejemplo, una alfombra cumple la función de proteger el piso de la suciedad y la humedad. Eso es lo que el objeto es. Mi conciencia lo reconoce como tal pues posee el conocimiento básico de la función de ciertos objetos.

En el caso de los objetos textiles chilotes, no solamente reconozco la alfombra sino que reconozco que es tejida a telar, con lana natural y chilota. El objeto da señas de sí mismo. Señas que dependen del contexto en el cual se encuentre el objeto. Si lo encontramos en la Feria de Dalcahue sabremos que fue confeccionado por las artesanas del lugar. Si el objeto se encuentra en una tienda de arte sabremos que quien lo confeccionó puede ser un (a) diseñador (a) o un (a) artista textil.

Ahora bien, el objeto textil posee además más significados, pues dentro de su confección habla el modo en que la lana fue hilada, torcida y teñida, pero eso sólo lo reconoceremos si poseemos conocimiento de técnicas textiles. Pues para un comprador común, el diálogo con el objeto se termina en saber que es un tejido a telar, de lana natural y chilote. El lenguajear de la lana con el consumidor depende, no sólo de las impresiones y/o sentires personales del público, si no, también de cuánto lenguaje textil maneje el sujeto que se enfrenta en diálogo con el objeto.

El cómo se comuniquen público y objeto textil va a depender de quien produce el objeto. Primero, en el cómo quién teje deposita ciertos significados en su diseño textil y en los textos que construye alrededor de su objeto. Por ejemplo, las tejenderas tradicionales optan entre teñir con anilina o naturalmente. Al realizar el teñido de forma natural manifiestan un diálogo de colores en el que habla la expresión tintórea del entorno. Al teñir con anilinas muestran y expresan el deseo, consciente o inconsciente, de contemporizar y equiparar sus objetos con productos de mercado, lo que implica el uso de la industria a favor de la artesanía.

En el caso de Mansilla, ella tiene claro que el diálogo que intenta provocar es un diálogo con lo natural, un diálogo de entornos, en el que la lana es paisaje de luces y de sombras. La gama de colores depende no sólo del entorno, sino de cómo se ve ése entorno en el tiempo y el contexto en que se observa. Mansilla piensa en el diálogo de su diseño con el público, y en cómo ese sujeto que viste la prenda textil dialoga, a su vez, con el mundo. Los colores que selecciona para el diseño dependen de las temporadas en que se vende el diseño. Si es verano los diseños se confeccionaran con tonos claros y suaves; y si es invierno los tonos serán fuertes para llenar de vida el paisaje. Ella llama a este diálogo de colores, texturas, hilados y entramados; “el diálogo del material”.

El diálogo del material, sin duda, está intervenido por las manos que trabajaron con él y por el discurso que se construye a su alrededor. Se debe admitir que en Chiloé se ha originado últimamente un macrodiscurso de apoyo a la comercialización de productos originarios en el que se busca resguardar los conocimientos y técnicas ancestrales. Siendo esto así, circulan folletos en papel y páginas de internet que propagan esta idea apoyando tanto a las Ferias artesanales como al almacén de la Biodiversidad. Por su parte “Kelgwo” destaca sus objetos textiles con pequeñas tarjetas que penden de los productos mismos, tarjetas que destacan por fotografías que muestran algunos de los procesos utilizados en la confección de la prenda y los cuidados específicos que requiere la prenda en sí.

En este último sentido, el diálogo del material se constituye no sólo de lo que el material es y de los procesos y formas en los que ha sido trabajado, si no también de lo que acompaña al material; del lenguaje que lo sustenta desde afuera. Distinguimos un lenguaje interiory un lenguaje exterior en el objeto textil.

El lenguaje interior estará dado primero por el material mismo, si es reconocible como material de la zona o no, por ejemplo, distinguiendo si la lana es gruesa o fina. Reconociendo los procesos con los que ha sido trabajado el material, es decir, si el material nos está diciendo que fue teñido naturalmente, que fue torcido o destorcido. Vislumbramos a través de este trabajo el diálogo que sostuvo el material con la artesana y/o artista. Interpretamos el lenguajear local a través del objeto, detectando si la artesana/artista tuvo cuidado o no en la producción del mismo. Sabemos a través de la apreciación del lenguaje interior que tipo de artesana tejió el objeto, si es experta o no en su labor. Podemos interpretar la intencionalidad de la artesana vislumbrando cuáles son los materiales seleccionados para el trabajo, cuáles las técnicas, cuáles los colores y las formas. A través de este trabajo podemos clasificar si la artesana se encuentra, como ya lo dijimos, entre artesanas que trabajan para su entorno confeccionando prendas de diseños simples y de colores sobrios; artesanas que producen para el comercio con colores y formas que se asemejan a las prendas de mercado, o, artesanas que hacen la mixtura entre tradición y modernidad trabajando sobre, y resguardando, un patrimonio textil acumulado.

El lenguaje exterior que sustenta al lenguaje interior del material debe estar en concordancia con él, de cierta forma se corresponden, y este lenguaje no sólo está dado por el discurso que la diseñadora o la artesana construye explícitamente a su alrededor, si no, también, por el contexto en el cual se encuentra inmerso. El lenguaje exterior es el discurso que la diseñadora/artesana puede materializar y que acompaña al objeto textil, representado en folletos, tarjetas y afiches, entre otros. Discurso que se sustenta sobre la base historias locales, discurso que puede aludir a procesos ancestrales, resguardo de la cultura, contemporización de lo tradicional, tejidos naturales, etc. El lenguaje exterior en un marco más amplio se justifica por el lugar en el cual compramos el objeto textil, si la venta es directa o indirecta, si el objeto fue comprado en el campo o la ciudad, en una feria o en una tienda, es decir, el contexto en el cual encontramos inmerso al objeto. Y, por último, si la venta es directa nos encontramos ante lo que la artesana o diseñadora puedan decirnos acerca del trabajo y el objeto textil.

El lenguaje interior y el lenguaje exterior del material construirán ese discurso local que subyace en los objetos, considerando que el discurso local no es sólo la historia y/o lo que los habitantes de un lugar dicen, si no también aquello que representan en sus objetos, a través de la materialidad del mismo y de lo que puedan hacer que represente para el público, finalmente, serán estos (lo que otros dicen) los que completarán el sentido del discurso local.



[1] Hablamos de fragmentos del pasado porque del pasado nunca se puede abarcar la totalidad, construimos a través de los fragmentos una “macrohistoria” o “metarrelato”; entendido esto último como el discurso representacional de lo que fue el pasado.

[2] En este sentido conviene tomar en cuenta la transformación que hace, a su vez, el tejido en los espacios. Por ejemplo, y respecto a los tejidos descritos, colgados en los cercos y cordeles, éstos no sólo se expresan a través de sus diseños y colores, si no que hablan de una forma de vida, es decir, el arte del tejido se va apropiando del espacio. Constituye una forma de vida que congrega a sus cultores, es así, como la mayoría de las tejenderas se ubican en un mismo lugar, habitan casas cercanas y crean lazos de cooperación en torno al tejido.

[3] Nótese la distinción entre historia y discurso local: historia local tiene que ver con las identificaciones de tipo cultural y de determinados relatos en que se reconoce un pueblo o un individuo; discurso local es un constructo (como ya lo hemos dicho) ideológico en el cual los sujetos colocan el acento sobre las políticas a las que ha sido sometida cierta localidad, y a sus formas de sobrellevar dichos procesos. Una historia local siempre es menos mutable que el discurso local, pues éste último es siempre el que acapara mayores intereses externos, en la contradicción, de invisibilizarlo.

[4] Cuando hablamos de estereotipo no nos estamos refiriendo a algo que sea completamente falso, lo que hace que un estereotipo se mantenga en vigencia, es el componente de verdad sobre el cual se sustenta.

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Los diálogos del tejido en la construcción de la memoria. Aproximación al discurso de la diseñadora textil Marcia Mansilla y el de las tejedoras a telar en la isla de Chiloé. "Tabla de contenidos"
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