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Aula : Trabajos [an error occurred while processing this directive] 17 de mayo de 2012


Los diálogos del tejido en la construcción de la memoria. Capítulo 1: “El tejido chilote: un breve excurso histórico”
Roxana Miranda Rupailaf

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I.- Orígenes de los tejidos a telar en la isla de Chiloé

Todos los trabajos revisados nos plantean la tesis de que el tejido a telar habría sido introducido en Chile por los incas, y otras tribus, y que, posterior a este suceso habría recibido influencia de los españoles. Tesis que adquiere importancia desde el relato de Alonso de Ercilla en “La Araucana”. Ercilla hace una descripción de la vestimenta de los aborígenes, descripción que deja en claro la existencia ya de ornamentaria textil en los indígenas anterior a la llegada de los españoles.

de manto y floja túnica vestida.

La cabeza cubierta y adornada

con un capelo en punta rematado,

pendiente atrás la punta y derribada

a las ceñidas sienes ajustado,

de fina lana de vellón risada

i el rizo de colores variado,

que lozano i vistoso parecía

señal de ser clima

y tierra fría. (Ercilla, La araucana)

Por la descripción que hace Ercilla nos podemos dar cuenta de que la vestimenta que usaban los indígenas no trata solamente de satisfacer la necesidad de protección ante la inclemencia del tiempo, si no que, además, hay ya cierta tradición estética, y es esto precisamente lo que llama la atención del conquistador, pues no está describiendo a un indígena en particular sino a los aborígenes en su pluralidad. Es decir, existía además cierta textilería ornamental, que en la actualidad resulta difícil de saber exactamente en qué consistía.

Nos damos cuenta, sí, de que la ropa que se utilizaba era una ropa cómoda y ceñida al cuerpo y que los aborígenes gustaban de la combinación y mezcla de diversos colores. Ercilla además deja algo que nosotros debemos tomar en cuenta y que tiene que ver con la relación que la ropa tiene con el clima en el cual se la utiliza. Estamos hablando de un clima frío, por lo que los indígenas desarrollan su vestimenta a partir de lanas y cueros; sería difícil pensar en otros materiales porque, sin duda, éstos son los que otorgan al cuerpo mayor calidez.

Marcia Mansilla en “Orígenes de los textiles en Chiloé” dice que, fue el sedentarismo de los huilliche el que hizo posible el tejido en la isla. Señala: 1) los indígenas esquilaban la lana de un pequeño can llamado chilihueque, cuyo pelaje era largo, suave y espeso y de color rojizo 2) los indígenas ya ejercían la teñidura a base de componentes vegetales.

Básicamente, el aporte de los españoles se debió a la introducción de ganadería ovina, y a la utilización que se hizo de la lana de ésta para la producción de tejidos. Cabe destacar un hecho curioso que es la casi nula existencia de ovejas de color negro en el sector de Chiloé; a falta de la existencia de este color se hace la teñidura con barros para obtener un color similar. Hoy en día de preferencia la lana de oveja negra se compra en Osorno, o entra a la isla lana de oveja negra de otros sectores, cuyo valor debido a la escasez, es más costoso.

Plath, Cárdenas, Mansilla y Piwonka coinciden en señalar que fueron los incas los primeros que introdujeron el telar en Chile y, luego, los huilliche hicieron lo propio en Chiloé. Sin embargo, la sugerencia más importante y que no se encuentra considerada en los artículos de estos autores, la otorga Carlos Ramírez, quién, en su artículo “El huitral de Cautín y el quelgo de Chiloé”, señala:

Sobre el arte de hilar y de tejer, C. Joseph (1931:97) estima que llegó a Chile a través de los incas y que es también resultado de la conquista española. Al respecto, escribe: “los araucanos aprendieron el arte de hilar y de tejer de los indios del Perú y de los españoles. Las tradiciones araucanas coinciden con los relatos de los cronistas acerca del origen de los actuales tejidos. A la llegada de los españoles, los araucanos ya andaban con toscos tejidos de lana, imitados con los del Perú, y otros hechos con pieles de huanacos, de zorros, pumas y aves, de trozos de cortezas arrancados a los árboles y tejidos de fibras vegetales, que fueron sustituidos durante la colonia por los de lana.

A pesar de la influencia inca y española reconocida por Joseph, pensamos que nuestros aborígenes, el pueblo mapuche, desarrollaron el arte de hilar y de tejer en forma independiente de los incas y antes de la llegada de los españoles a nuestro país. Apoyamos esta idea en que ninguna de las piezas del huitral registra influencia quechua ni aymara, ya que Rodolfo Lenz reconoce, junto con Augusta y Erize, que los distintos étimos tienen como base el mapudungun. (Ramírez 162)

Como puede comprobarse, Ramírez admite la influencia de los incas, españoles, y otras etnias; sin embargo, coloca en evidencia, dado el estudio lingüístico que llevó a cabo, que tal vez el arte de hilar y tejer ya en alguna de sus formas había sido descubierto por los mapuche. Es decir, posiblemente éstos serían los que introdujeron tempranamente y sin ninguna influencia foránea el tejido a telar a Chiloé. Posteriormente, y por el proceso de conquista, el telar sí habría sufrido las influencias foráneas.

El hecho es que el telar chilote adquirió características propias, distintas a las del huitral mapuche:

Los chilotes dieron continuidad al huitral mapuche, pero lo trabajaron horizontalmente, como los pueblos altiplánicos. Aquí el telar adopta el nombre de palos cilíndricos en que se arma la urdimbre y que se llaman quelgos: pero las partes, palillos y paletas siguen teniendo las mismas designaciones que en mapudungun. (Cárdenas y Montiel 25)

Al telar mapuche se le denomina Huitral y al telar chilote se le denomina Quelgo, aunque en Chiloé existe hasta ahora, un importante número de telares mapuche. La principal diferencia es que con el telar mapuche se puede trabajar sentada o de pie, en cambio, con el telar chilote se debe necesariamente trabajar arrodillada dado que el telar se apoya y se extiende en el suelo. Pues bien, ¿por qué entonces algunas tejenderas mantienen la vigencia del telar chilote?

Esto ocurre principalmente en las que se dedican a tejer alfombras y frazadas, dado que el telar chilote, por estar en el suelo, permite llevar a cabo tejidos de mayor amplitud. Sin embargo, estéticamente el telar indígena proporciona tejidos de mejor calidad pues es un tejido más fino y junto, aunque el telar chilote proporciona tejidos más gruesos, por tanto más abrigadores.

Se debe agregar que todas las tejenderas entrevistadas en la zona rural poseen el telar chilote mientras aquellas que se ubican en las ferias artesanales de Ancud y Castro, poseen el telar mapuche. Asimismo el taller de Marcia Mansilla “Kelgwo” trabaja sólo con telares mapuche.

II. - Causas del debilitamiento de la tradición del tejido a telar chilote

Una de las preguntas que podemos hacernos es por qué la creación de tejidos en Chiloé y por qué no, por ejemplo, la plantación de flores o tantas otras ocupaciones que pudiese llevar a cabo la mujer en Chiloé. Y por qué es precisamente la mujer quién realiza las labores del tejido.

Primero debemos considerar la necesidad instrumental del tejido, es decir, el tejido surge por la necesidad de protegerse ante las inclemencias del tiempo. Sin duda, el tejido a telar es más complicado, pero su predilección se origina a partir de la constatación de que es un tejido más firme; por tanto más duradero y también es un tejido mucho más resistente a la lluvia. Junto con satisfacer la necesidad de abrigo podemos constatar que el tejido también en su momento constituía un modo más económico de poseer una pieza de vestuario, pues los materiales que se necesita para confeccionar una prenda a telar son materiales que para la gente que trabaja el campo no tienen costo alguno más que el trabajo. La lana la adquieren de trasquilar ovejas; después viene el proceso de lavado; posterior a eso, el escarmenado de la lana y la hiladura, la teñidura cuando es preciso, teñidura que se lleva a cabo con plantas y /o materias que la naturaleza chilota entrega[1] . Los instrumentos como el telar y el huso, entre otros, eran confeccionados por el mismo esposo o algún vecino.

Además, el arte de tejer a telar era transmitido como forma de herencia cultural de generación en generación. La mayoría de las tejenderas a telar aprendieron a tejer porque sus madres y sus abuelas practicaban esta labor. Cabe mencionar, asimismo, que en los tiempos de apogeo de esta práctica, 1960 a 1980, no sólo el trabajo se realizaba por mujeres si no también colaboraban los hombres transformándose así en un trabajo ejercido en familia.

Con el tiempo las necesidades cambiaron y las prendas confeccionadas a telar quedaron relegadas a prendas para el trabajo siendo sustituidas por prendas confeccionadas por grandes fábricas. Es decir, lo que se produce es una desvalorización de la prenda confeccionada en casa en contraposición con la prenda adquirida o comprada en tiendas. Por otra parte, los tejidos a telar adquieren o vuelven a retomar un valor, pero dicho valor es distinto pues el valor ya no proviene de necesidad de vestirse sino de la necesidad económica del chilote de generar recursos frescos. Necesidad económica que encuentra su apoyo en la mercantilización de la isla como fuente de tradiciones ancestrales, pues, como sabemos, una de las consecuencias de la globalización ha sido convertir la mayor cantidad de objetos, tangibles e intangibles, en productos de mercado.

Pues bien, como todo producto de mercado, el tejido es objeto de algunas transformaciones. Una de las principales es la incorporación de elementos artificiales en su confección como lo es la anilina (tintura), es decir, la mayor parte de los tejidos hoy en día no son teñidos naturalmente a diferencia de antaño. Además de esto, los modelos confeccionados se van asemejando a los modelos que el mercado ofrece y esto se justifica en el gusto del comprador; la tejendera se adecua a los gustos del cliente y confecciona prendas “a la moda” y posibles de ser vendidas a buen precio. Surge también el telar industrial y las llamadas modistas quienes compran grandes trozos de tejidos a telar a distintas mujeres para cortarlos y confeccionar prendas. Finalmente las que más pierden son las que continúan tejiendo tradicionalmente, pues producen con menos rapidez que las otras, y además quienes económicamente reciben la peor parte, dado que una de las tendencias en la comercialización del tejido a telar es la reiteración de modelos y la producción a gran escala.

A la mayoría de los consumidores del nuevo mercado no les interesa el modelo y la originalidad del producto. Carecen de apreciación estética: consumen, simplemente, productos cargados de “identidad”; por ejemplo, los gorros de lana en los que dice “Chiloé” son los más vendibles. Por tanto, las tejenderas y/o artesanos al captar esto incorporan la palabra a todos los objetos que producen. Es decir, los objetos se vuelven reiteración de sí mismos y en el mismo lugar en que se producen pierden su valor, pues ya ni los propios chilotes utilizan sus productos y optan por vender para comprar con las ganancias, objetos que llegan en las tiendas, incluyendo ropa de segunda mano.

Por otra parte, sin embargo, se puede apreciar una diferencia en la “Feria de la Biodiversidad” situada en Castro, y en algunas tiendas de artesanía instaladas entre Castro y Ancud, que ofrecen productos artesanales seleccionados. Tiendas que exhiben y venden objetos de artesanía que han sido recopilados con un criterio estético y cultural por quiénes administran dichas empresas. Tiendas en que los principales compradores son turistas sensibles (y con recursos) a la diferencia cultural . Por ejemplo, lo que ofrece la “Feria de la Biodiversidad” son productos autóctonos confeccionados por personas chilotas, independiente de si estas personas son artistas o artesanos. El precio aquí del echarpe confeccionado por una artesana se corresponde con el precio del echarpe diseñado por una artista. Es decir, se valora la calidad del objeto textil producido por la artesana y se reconoce su experticia -no sólo en el precio, sino también en la exhibición del producto- en el arte del tejido a telar.

Otro aporte de la Feria de la Biodiversidad, y de las cooperativas existentes que funcionan como tiendas de productos autóctonos chilotes, tiene relación con la recopilación de los trabajos realizados por los artesanos que habitan en las zonas más recónditas de la isla. Artesanos que no siempre tienen la oportunidad de viajar a las Ferias de las urbes de Chiloé para vender sus productos, y por lo tanto, trabajos que sería difícilmente posible apreciar sin la existencia de estas tiendas.

La selección de estos trabajos y la importancia de su exposición se corresponde con el intento de regresar al concepto artesanal en su forma más originaria. Esto es, trabajo a mano con materiales nobles, sin la utilización de las máquinas industriales de la modernidad. Productos únicos e irrepetibles.

La “Feria de la Biodiversidad” se instala como referente artesanal en su forma más primitiva- es decir, objetos cuyos materiales y técnicas se sustentan en una historia artesanal antigua- modelo representativo de lo que fue y es Chiloé. La relevancia de estas tiendas - Feria y cooperativas- guarda relación con la influencia que tienen y que pudiesen tener con la producción y el trabajo de los artesanos, quiénes no sólo vuelven la mirada sobre sus propios objetos, sino que también comparten las distintas formas y diseños en que se exponen sus materiales de trabajo: lana, manila, madera, enriqueciendo, así, la creatividad en el diseño producido por ellos mismos.



[1] Existen tres modos de expresión para la designación de teñido/teñidura/teñiura; tejido/tejedura/ tejeura; hilado/hiladura/hilaura. Esta diferencia se debe a la perdida de fonemas y a la deformación de las palabras en ciertos sectores, en este caso, de Chiloé. Para efectos de esta tesina, utilizaremos los dos primeros, tomando en consideración que Marcia Mansilla trabaja, a su vez, con estos términos para diferenciar entre el trabajo estético académico realizado por la diseñadora y el trabajo artesanal, en ocasiones autodidacta, llevado a cabo por la artesana. Es así como, hilado/ tejido/ teñido corresponden al lenguajear de la diseñadora con su trabajo. Mientras que, hiladura/ tejedura/ teñidura es el lenguaje del diálogo que establecen las artesanas con la lana.

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