Retroceder Home Correo Search Avanzar
Buque de Arte 
 
 Actas
 
 Sur-Patagonia
 Poesía
 Elucidaciones
 
 Poesía
 Castellano
 English
 Français
 Italiano
 
 Ensayos
 
 Libros
 
 Dispersiones
 
 Biografía
 
 Bibliografía
 
 Crítica
 
 Notas
 
 Aula
 Lecturas
 Trabajos
 
 Descargar
 
 Correo-E
Buscar

Aula : Lecturas [an error occurred while processing this directive] 17 de mayo de 2012


Epístola a la esencia rusa
Virginia Rojas Rodríguez

Enviar por Correo-E
 Versión Impresora

Ah, qué tormenta, ésta, el diablo me lleve
con blancos clavos martilla el techo
sólo a mí, no me parece extraño.,
y en mi destino
arrojo a ti mi corazón desarrapado.

Serguei Esenin

Serguei Esenin, quisiera en un más allá —-si existiera- unirme a ti y poder profesar mi gran admiración por todo lo que significas, sabrás que acá en la tierra has sido y serás un fiel representante del alma rusa y por ende del alma humana; tus ideas fueron el baluarte de una vida que de alguna forma quebró los lazos con ella misma, pues ésta no cumplió con las expectativas tuyas, las que no estaban en la tierra. Nada llenó esa copa; al contrario, decepcionado del género humano y sus cobardías, te fuiste sin ser llamado.

Recordado Esenin, te imagino corriendo tras los pasos de tu abuela, como un niño regalón, grande, mimado, querido por todos, deteriorándote con agüita blanca o vodka, tan sólo para que no te quisieran por tu cara de niño bueno y descubrieran en ti la particularidad y profundidad de tu poesía.

A esencia me suena tu apellido, aunque sé que significa algo así como “cuernos de la abundancia”, según lo aclara Lev Tolstoy; para mí eres la sustancia de un pueblo doliente, pero digno, estoico con una fuerza dominante tal que, al proponerse un objetivo, lo cumple. Esa es la esencia que plasmaste en tu obra.

En Chile, has sido conocido como uno de los padres del larismo, corriente literaria que involucra a una variada gama de escritores sureños como Jorge Teillier, Rolando Cárdenas, Gustavo Adolfo Cáceres, León Ocqueteaux, entre otros; la corriente lárica es amar el lugar de origen, el lugar ausente y lejano donde se ha sido feliz, añorar la aldea, evocar lo sucesos del pasado, rememorar ese algo que sabemos no volverá y transformar en añoranza a la naturaleza.


…¿Dónde estás, dónde estás, hogar lejano
tras la nieve cobijado?
Azul, mi azul florecilla
y la arena sin pisadas
¿Dónde estás, dónde estás, hogar lejano?


Después de ochenta años y más ¿a quién le interesa si te suicidaste o te suicidaron? Este hecho sólo ha pasado a formar parte del morbo, y esta decisión de irte quizás represente la búsqueda en el infinito de la muerte, pues lo que no encontraste fue un sentido vital, y entonces había que cortar de raíz con la desesperanza.

Perder la vida por las propias manos es cerrar el telón o, como dice Boris Pasternak: “…pone sobre sí mismo una cruz, vuelve la espalda al pasado, se declara a sí mismo fracasado, anula los recuerdos…” Obviamente son los recuerdos propios los que se van con uno al más allá, donde un tripulante espera con una barca que nunca recalará en puerto alguno (bien, eso no lo sabemos, son meras sospechas, la cuestión es qué hacemos con nuestras añoranzas sobre aquéllos que se han ido precipitadamente de esta vida). Dejemos esa respuesta a la nostalgia.

Infinita es la lista de los que se han ido de forma no natural, o sin que alguna enfermedad o accidente los llame y allá están en el Caleuche, barco fantasma, esperándonos para indagar con relación a los que abandonaron.

Habitualmente nos preguntamos cuando alguien del presente o del pasado, ya no está: ¿Qué sería de él o ella, en qué pensaría ante tales o cuales acontecimientos? Aunque nosotros demos a esta pregunta una respuesta imprecisa, etérea, como el viento que nos trae su recuerdo.

Morir de viejo pero no de viejo infeliz, morir simplemente, cuando las tareas se han cumplido. Así quizás como cuando un pintor termina un cuadro y descansa, o posiblemente cuando un poeta da por terminado un poema, de esos que salen del alma y decide entonces morir, al igual que Serguei Esenin, que escribió su último poema, con la sangre que destilaban sus venas.

…Hasta pronto, sin gestos ni palabras.
No arrugues el ceño, ni te aflijas más

Morir no es nada nuevo en esta vida
Pero vivir tampoco es novedad.

En el más allá, me encontraré con Mijail Bulgakov, le comentaré lo hermosa y valiosa que me ha parecido su admirable novela El Maestro y Margarita, para reconocer su pueblo. No me canso de leerla y releerla. Reírme de esas locuras entre verdad y risa que entregan la profundidad e idiosincrasia del ingenuo pueblo ruso. Podría decirte quizás que el alma de esta nación es tal cual la describes tan magistralmente en tus libros: Corazón de perro, El Maestro y Margarita y Morfina.

El alma rusa en el transcurso del tiempo conserva su esencia; los rusos siguen siendo los que fueron, observadores y a su vez protagonistas de un mundo que les ha sido muchas veces adverso; para ello mantienen su tradición literaria basada principalmente en reírse de sí mismos, a través de la sátira.

Debo decirte, Serguei Esenin, cuánto me ayudaron tus poemas, a querer aún más mi patria que por aquellos años también sufría; cuánto me ayudó a descubrir en pueblos diferentes, pero a su vez tan iguales, los sentimientos de solidaridad, y fraternidad. Por intermedio de tus palabras sentí mi terruño y deseé volver.

Sé que cuando Serguei Esenin, Mijail Bulgakov y Boris Pasternak, entre otros, retornen de su marcha forzada, volverán a fijar su mirada en el abedul, en la nieve, en el sol y en los ojos de su amada.

Emulándoles a ellos deberíamos encantarnos con las cosas simples de la vida.

(Jueves 31 de Julio del 2008)

Virginia Rojas Rodríguez reside en Coyhaique, Chile. Realizó estudios de postgrado de literatura en Rusia cuando Rusia era, junto con otras repúblicas, todavía la Unión Soviética (nota del editor).


Subir

Lecturas
Secciones

Lawrence Ferlinghetti. La poesía como un arte insurgente
Las funciones de la crítica literaria (Janusz Slawinski)
El «saber leer», o modalidades sociohistóricas de la lectura (Jacques Leenhardt)
"La dictadura no ha terminado para los mapuches". Entrevista a la poeta Rosana Miranda Rupailaf
Confieso que he leído. Presencia/Ausencia de Pablo Neruda en la poesía de mi generación (Carlos Trujillo)
Siempre uno puede fracasar mejor. Opiniones de Seamus Heaney
Nosotros defendemos lo nuestro con el alma
La fuente curativa ¿Para qué sirve la poesía? (Seamus Heaney)
Epístola a la esencia rusa
Breve defensa de la poesía (W. H. Auden)